08 noviembre 2006

algo mas sobre nuestras adoradas y lindas y bien amadas mujeres

Durante los últimos diez años he dedicado todo mi tiempo a estudiar sus comportamientos, todo para colaborarle a la ciencia.
Por eso yCon el perdón de los seres más hermosos y menos entendibles de la Tierra, aquí están las conclusiones:
No existe mujer en este mundo, a la cual no le hayan dedicado el "melodioso" tema del supremamente decente cantante Diomedes Díaz llamado LA REINA. Y ellas son felices gritando a los cuatro vientos cuando uno les esta cayendo: "ay, esa canción me la dedico mi exnovio". Pues mis amores queridas, no deberían sentirse tan orgullosas y más bien deberían analizar un poquito más la letra de dicha canción "pueden haber más bellas que tu, habrá otras con más honor que tu, pueden existir en este mundo, pero eres la reina". Es decir, he tenido viejas más buenas que usted, que tienen más billete, tiran mejor, no joden para nada, pero usted es la única que me aguanta todas mis porquerías y por eso estoy con usted.

Todas las mujeres para picarlo a uno, al principio, le hablan de sus amores pasados, de lo buenón que era el exnovio, del carro con severo equipo de sonido que tenia y de la mansión en donde vivía, sin olvidar lo divinos que eran los papás, va uno a ver y el tal exnovio es un flacucho ahí que ni se ve, con un Renault 6 y un radiesucho de tres pesos, más vaciado que un carajo etc, que mejor dicho no le llega ni a los tobillos a uno.
Esas que se las tiran de dignitas, son las peores, aquellas que piensan que uno es muy poca cosa para ellas, son las que con dos guarilacos están ya mirándolo a uno a los ojos con carita de "estoy que me lo como, mire a ver si aprovecha que estoy borracha". Es por eso que siempre diré que las mujeres son como los zapatos: con el tiempo y con alcohol aflojan.

Y también hay otras que son lo contrario, son las más bacanas, se le apuntan a cualquier plan, se intuye que les fascina tirar, pero pa' darles un solo piquito, debe uno sacar a flote sus dotes de Juan de marco y de Neruda, debe uno escribirles cartitas cursis con letra de Timoteo y al final uno termina más tragado que chicle de ciclista y a cambio solo recibe un: "aaayyyyy, no sea lindo".

Pero pa' desesperantes las complicadas, estas normalmente son fascinadas con temas musicales ideológicos como "el unicornio azul", "ojalá" o "playa Girón", su personaje favorito es el "Che" Guevara, recuentan o viven en "La Candelaria", sus conversaciones lo hacen > >sentir a uno ignorante y planes como ir a cine, rumbear, o tomarse unos traguitos en un buen bar, son tildados por estas mujeres como: "vicios pequeño-burgueses".

Siguiendo en el orden ideológico, siguen las ecológicas-nutricionistas, aquellas que tienen ese complejo de conejo domesticado, solo le jalan a las ensaladas, no tienen ni puñetera idea de lo que es la longaniza, la morcillita, el chicharrón cuatro carriles o la fritanga erótica: jeta, oreja y arepa. Para ellas no existen ni en sueños, los heladitos, la cervecita, los chocolatines y demás. Y hay de que a uno se le llegue a caer un papelito en la calle porque la cantaleta de green peace, dura más que un bom bril.

Ahora llegan mis favoritas, las capitalistas, para ellas sitios como san ángel, mamas, el sitio, Martín Fierro, Andrés carne de res y el humero son su segundo hogar, sus personajes favoritos son Gianni Versace, Tommy Hilfiger, Eddie Bauer etc, sus modelos a seguir son Britney Spears, Christina Aguilera, Natalia Paris o Shakira, sus letras favoritas son BMW, no conocen Bogotá de la 72 hacia el sur, son unas mamacitas completas y salir con ellas puede significar quedarse sin comer el resto del mes (por que obviamente no colaboran ni con la limpiada de los vidrios en un semaforo).

Y no podían faltar las "Steven Spielberg", aquellas cuya creatividad es digna de cualquier libretista Hollywoodense y cuya manera de actuar es similar al bloque de búsqueda de la Policía, que alguna vez atrapo a Pablo Escobar en el último cambuche donde se metió. Para ellas cualquiera de nuestras amigas es objetivo militar y le arman a uno películas hasta con la hermana. No existe un solo lugar en el planeta, donde uno se pueda meter y que no lo encuentren. Tienden a espiar artículos personales como el celular y la mesita de noche, en donde cualquier aguja, para ellas, es sospechosa.

Si usted hermosa mujer, no es como las que describo en este articulo, solo quisiera pedirle una cosa: CASESE CONMIGO YAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Me faltaron las malgeniadas, las gasolineras, las drogadictas, las alcohólicas, las ninfómanas, las billaristas, las descaradas, las que joden por todo, las que joden por nada, las que joden por todo y nada, las que joden y las que joden y las que joden y las que joden y las que joden y las que joden...


psdt:no queriendo ofender al genero femenino cualquier parecido con la realidad tan solo es pura concidencia juas juas
psdt2:esto es tan solo una afluente de mi querida ciudad llamada bogota no generalizo alas queridas y linda mujeres de otros paises
psdt3:si no todas son iguales hay unas peores jejejeje
psdt4:y para terminar no se les olvide no se cuiden por que la maloooooooooo

29 agosto 2006

el embellecedor o encantador de serpientes hay les dejo el kit

Una unidad de medida prudente son quizá tres aguardientes, más bien grandes: llamémosla 1 embellecedor o 1 emb.En aras de la brevedad y de la cientifización. Se trata de establecer la unidad mínima de licor necesaria para ver a alguien atractivo. Para dar una idea del alcance de 1 emb., considérese la siguiente pregunta: ¿Cuántos tragos necesita Ud. para llevar a X a conocer el techo de su cuarto (o de uno por horas)? Comencemos con los casos menos problemáticos y vamos ascendiendo en la complejidad. Propongo la siguiente clasificación: Claro, la clasificación no deja de ser problemática y de depender de los niveles de ansiedad particular. Pero demuestra que beber no es otra cosa que ir acabando con la norma del buen gusto en estética sexual. Es curioso que no pase lo mismo en otros ámbitos. Las cosas que nos parecen desagradables estando sobrios nos siguen pareciendo desagradables borrachos y hasta en mayor medida: haga el experimento de tomarse unos tragos frente a un cuadro de Tessarolo. Con el prójimo la cosa es a otro precio, lo cual le indica a uno que en el fondo el efecto emb. es una cuestión de baja autoestima, pero una baja autoestima narcisista, porque al fin y al cabo, uno está convencido de que uno sí se ve bastante bien borracho, que está caminando recto, que está hablando divinamente, en breve, que es irresistible. Mi peor experiencia con el efecto emb. toma la forma de una historia que ilustra con creces el carácter transitorio de la belleza humana. Yo estaba irresistible la noche que conocí a Sindy (sí, con S, Sindy). Podríamos decir que yo ya cargaba una dosis letal de unidades emb., como radones en un empleado de Chernobil, suficientes para sumirlo a uno en un profundo coma estético de por vida, quizá unos 8 o 10 (recuérdese que 1 emb.=3 aguardientes dobles). Los tambores de una tal doña Cleo alternaban esa noche con los ritmos de Zumaqué en un bullicioso lugarcito se salsa. Ella se sentó a mi lado en la barra. En ese momento, esta diosa de carnes ligeramente bronceadas tomaba la forma de una Sonia Braga del altiplano cundiboyacense, de pelos libres y ensortijados, dueña de una sonrisa que hubiera podido arreglar la capa de ozono. Yo dije alguna estupidez que no recuerdo a manera de cliché de levante y ella respondió dándome la mano y recalcando con orgullo esa 'S' enorme que precedía al '...indy'. A mi me sonó como una 'Z'. Traté de estar informal, de comer maní desprevenidamente aunque pocos caían en la boca, traté de hablar bien. Calculé que mis mejores oportunidades estaban en el baile, no tanto en la conversación, porque como todos sabemos, hay una parte del yo que, a pesar de lo ebrios que podamos estar, nunca se emborracha. Es la dueña de esa vocecita que dice: 'estás hablando muy mal', 'camina recto', 'no seas ridículo, esa vieja no te está parando bolas'. Esa voz hizo su tarea y me informó que yo estaba hablando el esperanto del borracho, una especie de dialecto platicado permanentemente por Boris Yeltsin y José José y así fue como nos lanzamos a la pista. Recuerdo haberla pisado varias veces. No me importó. Esa noche me entregué a los tambores. Amé a Colombia, amé el acordeón cuyas notas acariciaron mi piel con suaves oleadas de nacionalismo, amé a Sindy. En retrospectiva, pienso que la mejor manera de describir el amargo despertar del día siguiente junto a Sindy lo describió Augusto Monterroso en ese famoso minicuento titulado El dinosaurio: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Noté entonces que Sindy tenía un ojo más abajo que el otro, unas manos con las que se podía rallar queso parmesano y un pelo que solo se hubiera desenredado con creolina o con un soplete. Me deseó buenos días con un beso y luego sonrió, y, a pesar de mi ignorancia en el tema, me di cuenta de que faltaban piezas claves; hablando 'ortodónticamente', un canino, un premolar. En lugar del brillo prístino y cristalino de un diamante incrustado (la sonrisa Diomedes del día anterior se había ido para siempre), había algo cavernoso en esa boca. Pensé en el maestro Albarracín y en todos los lugares en los que esa boca había estado. En todo caso, ella olía como a cemento recién mezclado. Tardé unos instantes en darme cuenta de que estaba en mi casa, que era domingo en la mañana, que de alguna manera estaba atrapado. Paulatinamente, la realidad fue tomando un sabor de alucinación, como los instantes recordados de un accidente automovilístico, pero una alucinación singular: la única que yo conozco que es inducida por la falta de alcohol.

psdt1:no es un insulto tanto como hombres y mujeres nos pasa
psdt2:juemadre vida no vuelvo atomar tanto
psdt3:a y como siempre digo nop se cuiden por que pasan malo pero cuidao con tanto alcohol por que al despertar viene lo complejo del asunto juas juas juas

01 agosto 2006

mil docientos kilometros en camion y apunto de borrarseme la raya del trasero juas juas

Cuando don Luis prendió el camión, un ruido de doscientos caballos galopantes se apoderó de la cabina. Luego, el armatoste comenzó a moverse como un animal antediluviano. Parecía el primer paso de un mamut, en medio del infinito aguacero que había azotado a Bogotá toda la noche de ese viernes. Eran las cinco de la mañana. -¿Tiene música, don Luis? -pregunté. -No -contestó secamente, sin despintar los ojos del camino. Había rogado la noche anterior para que el conductor elegido para el viaje fuera un hombre dicharachero, lleno de cuentos, leyendas y chistes; para que el conductor fuera una especie de Cantinflas manejando. Pero seguro no hice mis ruegos al santo indicado, porque don Luis era más flemático que el príncipe Carlos. The lord of the road: hombre de pocas palabras con el que nos esperaba un viaje larguísimo. -¿Son muy caros los radios? -me atreví a preguntar con cierta timidez. Me sentía frente a un bucanero con pata de palo, parche en el ojo, loro en el hombro, pipa en la boca y ron en la mano. Al fin de cuentas llevaba 43 años de camionero por Colombia. -No. -Ah -contesté, pensando que serían dos o tres días de monosílabos. -No me gusta oír música cuando trabajo, porque me distrae y dejo de pararle bolas al ruido del motor. -Claro -dije, y me quedé callado para oír el dichoso ruido. Qué ruido: como un mantra con el que se puede llegar al Nirvana en un par de viajes a Cartagena. Un portentoso y rugiente RRRRRRRR que retumba en la cabina y conmueve los intestinos, los revuelve con el hígado, revuelca los riñones, llega al plexo solar y este lo manda hacia las cuerdas vocales que vibran, haciendo parecer la cosa como si fuera uno el causante de ese ommmm en forma de erres prolongadas con la intensidad de 38 toros de lidia resollando. Tres horas después ya nos habíamos acostumbrado a la pequeña cabina, aunque mi cuerpo estuviera en completo desacuerdo. Don Luis estaba con su espacio vital protegido entre la puerta y la enorme barra de cambios, luego venía yo, pierniapretado, junto al fotógrafo, que disfrutaba a sus anchas de la otra ventana. Sin duda, aquel viaje sería para mí la iniciación en el fantástico mundo del yoga en los camiones. Meditación zen sobre ruedas. Mi posición sería la camionística encogida durante quién sabe cuántas horas. Para entonces conversábamos más tranquilos y don Luis contestaba mis preguntas con paciencia de abuelo. Venía de cinco días de descanso. Cinco, luego de un mes de carretera: Bogotá-Santa Marta-Cali-Bucaramanga-Santa Marta-Barranquilla-Bucaramanga-Santa Marta-Bogotá. Luego estuvo en Villavicencio. Pensé en la cantidad de mundo que habían visto esas pupilas, la cantidad de camino que tenía su alma. Haciendo un cálculo atrevido, en 43 años don Luis había recorrido 1.920.000 kilómetros, cosa que le habría alcanzado para darle 150 vueltas a la tierra sobre su diámetro, o para dos viajes redondos a la luna. -Y su esposa, don Luis, ¿qué dice de tanta ausencia? Don Luis se paró en el freno e hizo una pequeña maniobra. Supuse que me había metido en terrenos prohibidos, y que había despertado una vieja herida. -Los perritos -dijo secamente-. Nunca he atropellado un perrito -continuó con cierto orgullo, mientras ponía en marcha nuevamente el mamut. Es necesario decir que para arrancar uno de esos, hay que trabajar mucho durante 30 segundos, meter ocho cambios de los veinte en menos de diez metros y no perder la concentración por nada. -¿Ella? -dijo al fin, cuando salió del apuro de los cambios-, antes creía que yo tenía mujeres en todas partes y por eso mi demora. Luego de esas palabras me dejó nuevamente a merced del runrún zen zen, con la mirada empapada por los recuerdos. Dos kilómetros más adelante prosiguió con la idea. Muchos años atrás le dijo a ella que empacara sus cosas porque se iban para la costa. -Hubo muchos problemas en ese viaje. De para allá, estuvimos trancados un día en Puente Sevilla porque habían quemado 17 carros. De para acá, en Curumaní, una mula se había salido de la carretera. Yo paré a ver qué pasaba, y resulta que habían asesinado al chofer. Luego tuvimos que parar un tiempo largo porque la carretera estaba cerrada por seguridad. Desde entonces, ella entiende que en la carretera son muchos los problemas que se presentan, que no hay dos viajes iguales, que cualquier cosa puede pasar. Colombia mon amour. Aunque insistió en que este gobierno había pacificado las carreteras, aquel dicho de "prepárese porque cualquier cosa puede pasar" seguía vigente. Los camioneros tienen varios sistemas de seguridad para evitar contratiempos: su conocimiento de las carreteras, su intuición, sus reportes periódicos a la empresa y sus compañeros. En el camino a Cartagena fui testigo de la manera como se cuidan. Después del Carmen de Bolívar sobrepasamos un mamut de cuatro torques. Don Luis se despidió del chofer: "Adiós, don Álvaro". Tres kilómetros más adelante, don Álvaro nos sobrepasó lento, saludó y se quedó mirándonos. Se mantuvo siempre a dos kilómetros de distancia. Cuando paramos a comer algo, de la nada, apareció don Álvaro en el restaurante. Se había detenido tres kilómetros adelante: .pidió aventón hasta el restaurante, entró de incógnito, se sentó cerca, escuchó la conversación y solo hasta que comprobó que éramos amigos se acercó. Pensaba que le estábamos robando el carro, porque don Luis nunca viaja acompañado. Si fuéramos jaladores, saldría nuevamente de incógnito, llegaría a un puesto de policía, y nos delataría. A él le han robado dos tractomulas: una de ellas se perdió para siempre, se la tragó la dimensión desconocida. A eso de las diez de la mañana, mi estómago bramaba de solo pensar en un desayuno de camionero. Paramos en un lugar desabrido atendido por dos niñas zombis boyacenses que nos trajerons un caldo desabrido, unos huevos al disgusto, un pan duro y un tinto aguado. -¿Cuál es la fama que tienen los camioneros para escoger lugares? -pregunté, contrariado frente a ese festín desalmado. -Por acá la comida es como maluqita, pero es mejor comer porque la próxima parada será por allá a las seis. Comí sin dejar de pensar cómo rayos se hacía para demandar un mito. Luego salimos a lo mismo. A los monosílabos de don Luis, al ruido del mamut en la cabina y a la contemplación del paisaje a treinta kilómetros por hora. Jugué mentalmente a contar las pecas de las vacas, el número de curubas en un palo, las estacas de un alambrado, y me fui dejando llevar por la manera donluisesca de ver el mundo. Creo haber visto un árbol bostezando, pero no estoy seguro. -Llegamos a Munich -dijo de pronto. -¿Munich? -pregunté, pensando mil cosas, mil posibilidades dramáticas sobre aquella palabra. -Munichquirá -rezongó don Luis, y sonrió. Era el tipo de chistes que nos merecíamos. Podría tratarse de una obra de teatro: una en donde tres sujetos están en la cabina de un camión que ruge, mirando hacia el frente, atestiguando el aletargado paso del paisaje por las ventanas. Afortunadamente para entonces estábamos abandonando para siempre el altiplano cundiboyacense y su manera cruel de pintar el mundo con gris. El calorcito de Barbosa comenzaba a meterse por las ventanas, y unas pinceladitas de colores alumbraban el paisaje. Don Luis se detuvo para quitarse el saco de lana y también pareció florecer. -¿Dónde nació, don Luis? -En Vélez -contestó con una elocuente sonrisa. Le conté que una vez había hecho un reportaje sobre las bocadilleras de Vélez, y que lo más impresionante de todo fue ver locomotoras en los garajes. -¿Locomotoras? -Sí, señor. Locomotoras marcadas con el logotipo de los ferrocarriles nacionales: FF.NN., que usan como calderas para cocinar la jalea. No sabría decirle si pitan con su particular estilo cuando el bocadillo está al punto, pero son locomotoras. Qué pesar, ¿cierto, don Luis? -¿Pesar de qué? -De los Ferrocarriles Nacionales. -Estaríamos muy mal -murmuró. Entendí a qué se refería. Una locomotora de pacotilla, un triste carromato de aquellos, podría transportar en un solo viaje lo que treinta o cincuenta camiones. Me dijo que el negocio estaba muy malo. Que los precios del combustible se comían las ganancias. A Cartagena, habríamos de tanquear con 500 mil pesos y pagaríamos 120 mil de peajes. Eso sin contar que cada año toca cambiar las llantas. Cada una de las traseras cuesta un millón y medio. Y son cuatro en el caso de don Luis, pero podrían ser doce. -El primero que gana en este negocio es el estibador; después el chofer, la compañía -si la hay- y, por último, el dueño del camión, si le queda algo. -Y, entonces, ¿por qué sigue trabajando en esto? Me miró de manera penetrante. -Porque son 43 años haciendo esto y no sé hacer nada más -contestó tajantemente. Acepté su respuesta, aunque sospechara que había más: mucho camino, muchos amigos, mucha libertad en ese oficio, por ejemplo. Cada vez que pasábamos por un pueblo le preguntaba si tenía amigos allí, y me contestaba con un claro, como si fuera lo más obvio. Don Luis tiene amigos en casi todos los pueblos. Su agenda cobija más municipios del país que la agenda de la más prestigiosa cadena radial. A las seis almorzamos en Chiflas, un lugar antes de comenzar a bajar el último tramo del apabullante cañón del Chicamocha. Es un sitio enorme con mirador por todas partes. No había nadie cuando llegamos, tan solo seis o siete meseros que se peleaban entre ellos sin reparar en el enorme estómago con forma de dragón con el que luchábamos en la mesa. -Si don Héctor estuviera nos habría atendido personalmente. El viejo se desvive por los camioneros, porque dice que fuimos nosotros quienes le hicimos la fortuna -dijo don Luis, en tono muy bajo, como una oración para sí mismo. Y justo cuando terminó su oración a don Héctor, apareció un viejito peliblanco, que se vino caminando muy lento hacia nuestra mesa. Traía también una enorme sonrisa de bienvenida que estrechó con don Luis calurosamente, sin dejar la formalidad en ningún momento. Después llegó la fiesta de cabrito al horno. "El mejor cabrito al horno de Santander", dijo don Luis mientras manipulaba los cubiertos con mesura, sin sorprenderse porque yo estuviera comiendo como un salvaje medieval. Eso sí era comida de camioneros. La noche nos agarró subiendo a Los Curos lentamente. Bordeando las ocho, comenzamos a ver luces de ciudad, avenidas, carros particulares. Llegábamos a Bucaramanga luego de trece horas de viaje. Me dieron ganas de cantar una canción épica que relatara nuestra travesía. Cuando don Luis estacionó al mamut nos dijo hasta mañana. -¿Cómo así, don Luis? -pregunté, porque pensaba que nos hospedaríamos juntos en un hostal de camioneros, con una cantina en donde los reyes del camino golpearían güisquis contra la barra. -Yo me quedo donde unos parientes. Ustedes pueden ir a un hotel que queda por el mercado. Mañana nos vemos a las cuatro de la mañana -dijo en su habitual tono sin sobresaltos. Luego nos acompañó a coger el taxi y le indicó al chofer para dónde íbamos. Me sentí como el hijo imbécil de don Luis, pero le agradecí la cortesía. El bendito hotel era una baratija con ínfulas de mármol y caballitos imitación ébano que relinchaban sobre las mesas junto a plantas de plástico de lo más cucas. Me acerqué a la recepción como un vaquero luego de atravesar el desierto a pie, con cierto donaire de superioridad. Tuve ganas de mascar tabaco y decir la palabra güisqui como si estuviera a punto de escupir una bala. Después me trabé en una pequeña discusión con un conserje imberbe porque no había toallas en el baño. Me trajo una telita blanca jaspeada con cara de limpión, delgada como una fotocopia de toalla. A las cuatro en punto, bajo un aguacero torrencial, llegamos al parqueadero y don Luis ya estaba listo. El mamut no aguantaba las ganas de caminar. Creo que después de los buenos días no hubo más palabras hasta que comenzamos a bajar a Rionegro. Don Luis estaba apurando el paso por primera vez. Bajábamos a más de cincuenta, cosa que no había pasado hasta el momento. -¿Le picó el afán, don Luis? -Por acá salen los pícaros. A veces se suben al camión por detrás, rompen la carpa y saquean el camión. Es mejor no darles oportunidad. Entendí que andaba despacio porque le gustaba, que bien podía acelerar en bajadas y subidas, pero evitaba estar tenso durante el viaje. Mientras bajábamos a El Playón, don Luis decía que por ahí salían antes los guerreros. Usó esa palabra: guerreros. Sabía el punto exacto en donde habían quemado mulas y nos lo señalaba. El rastro de hollín permanecía en la carretera, las verdaderas estrellas negras de este país del Sagrado Corazón. Cuando llegamos a El Playón nos detuvimos a tomar tinto. Una mujer rubia lo saludó amablemente y luego me miró con unos ojos verdes llenos de dulzura mientras me pasaba el café. -Qué ojos, doña, qué mirada más dulce -dije. Y mis palabras redoblaron el cariño de aquella mujer, se le salió por las pupilas y lo sentí en el alma. -¿Se queda acá? -¿Me quedo, linda? -le pregunté a ella. Me dijo con los ojos que no se podía. Me dijo muchas cosas en un segundo que, por razones de espacio, no podría escribir. A partir de entonces, don Luis no podía evitar sonreír cuando me miraba. Manejaba y sonreía. -¿Alguna vez le ha pasado, don Luis? -A mí no, pero a muchos compañeros sí. Han dejado todo por algo parecido. ¿Se hubiera quedado? -De pronto. -Ella es la esposa de un camionero -dijo, y caímos de nuevo en el runrún zen zen, porque hacíamos fila detrás de una recua de mulas. Cámara lenta, calor en la cabina y el recuerdo de unos ojos en El Playón. El silencio se hizo cómplice de pronto. Y árboles florecidos, y unas niñas de trenzas jugando a la vera del camino, sonrientes a cascadas, pero sin audio. Una película de la nueva ola del cine francés. A San Alberto arribamos a las ocho. El país costeño hacía su aparición con desparpajo. -Ajá, niño, ¿cuánto te pongo? -le dijo la bomberita de San Alberto a don Luis, a sus 68 años. Y mientras echaba gasolina me dijo que estaba verde, me preguntó que si estaba enfermo y se burló sin malasangre. La carretera se hizo plana y el calor constante. Desayunamos en Aguachica con todo. Fui el único que se dio un banquete de camionero. Con caldo, con carne, con arepa de huevo, con huevos al regusto, con bollo de yuca, con jugo y con tinto. En realidad, don Luis me debería ceder el timón. Mi espíritu estaba en el camino, acompasado para siempre con el ruido del mamut en mi corazón. Entonces fueron siete horas hasta Plato, Magdalena, pasando por La Mata, El Burro, Pailitas, Las Vegas, Curumaní, San Roque, La Loma, Cuatro Vientos, Bosconia, El Difícil y Nueva Granada. Y aunque estábamos a cinco horas de Cartagena no podíamos seguir. La carretera entre Plato y Carmen de Bolívar la cierran desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana. Escasos 45 kilómetros que no se pueden transitar de noche porque allá, en los montes de María, están los 'guerreros'. Don Luis estacionó el camión dos kilómetros antes de Plato, en donde suelen parar los camioneros. Aquella sí era una taberna del desierto, llena de vaqueros aporreando güisqui contra las mesas y divas adolescentes contoneándose alrededor de las mesas, como si fuera una variedad del cancán de las chicas del saloon. A lo lejos, enmarcado por un atardecer naranja encendido, una especie de 'anarancer', el glorioso río grande de la Magdalena serpenteaba su creciente hacia las bocas de Ceniza. Don Luis, como es obvio, tenía amigos en todas las mesas. Se sentó junto a nosotros y pidió limonada. -Don Luis, ¿usted es evangélico, cristiano? -le pregunté. -A veces pasan años sin que pruebe una cerveza. Cuando me las tomo lo hago en mi casa, oyendo canciones de Silva y Villalba. Luego se levantó de la mesa y se fue a conversar algo rápido con el dueño del saloon y regresó. -No hay camas para ustedes acá, pero ya hablé para que los lleven a un hotel que tiene El Paisa, en Plato. Yo me quedo en el camión porque tengo que estar pendiente de la carga -dijo. -Y a todas estas ¿de qué vamos cargados? -Mercancías varias -contestó con la misma formalidad que había usado frente a los policías de carreteras. -¿Qué tan varias? -De todo: cosas de cocina, herramientas, muebles. de todo. Mañana nos vemos a las cinco y media. El señor que los lleva los trae, por eso no se preocupen. Me di cuenta de que don Luis nos cuidaba tanto como a sus mercancías varias. Nos empacó en un troncomóvil que tenía algo de jeep, algo de Renault 4, algo de bus, algo de chiva, que nos tiró en una esquina cantada por el Cacique de La Junta. Me dieron una habitación pequeña, con baño, aire acondicionado, abanico, y un televisor a control remoto sintonizado desde siempre en un canal porno. Luego de un breve descanso decidimos salir a buscar la estatua del hombre caimán; descubrir las entrañas de la leyenda. Plato. Qué cosa: llena de luces, de música, de bares, de mujeres hermosas y de luciérnagas fantásticas. En esa plaza había una pequeña ciudad de hierro instalada que funcionaba como un imán para todos los platenses. Bares frente a la plaza que hacían sonar a volumen mesurado vallenatos y cumbias y pregones de Héctor Lavoe. Y garotinhas mostrando con alevosía sus pubertades recién estalladas. Pequeñas faldas, ombligueras, esqueletos, descaderados, acompañados por esa cadencia costeña que uno no sabe si es la pereza más graciosa del planeta o es la gracia más perezosa. Qué plato, señores. Uno paradisíaco, con sabor de ultramarino, exótico y rimbombante, lleno de bembas sonrientes, de pieles negras y morenas y blancas. y de luciérnagas fantásticas también. Qué bien aquello de cerrar la carretera y obligar a la gente a disfrutar de Plato. Tremenda fiesta caribe, tremendo carnaval de río. Me traje la llave del hotel sin darme cuenta, pegada de un llavero con santo. Nadie lo ha identificado, pero quiero suponer que se llama fray Carnaval de Plato. Cuando abrieron la carretera, una poderosa caravana de mamuts emigrantes se echó a andar. Dos horas después estábamos varados en pleno San Jacinto. -¿Es grave? -pregunté. -No, fue un error mío. No abrí la llave del otro tanque de diesel. No es nada. ¿Nada? Don Luis no paró de trabajar, de meterse por debajo, por los lados, de llenar filtros y quitarlos, mientras que yo, aburrido por no hacer nada, me fui a conversar con una vendedora de hamacas que amamantaba un crío. Me dijo que estaba cansada, que el marido se había ido y que le estaba tocando duro porque no había quién trabajara. -¿Cuánto paga? -Habitación, comida y cien mil pesos. Don Luis intentó prender al mamut dos veces sin éxito, su paciencia llegaba al límite. -Si en el próximo intento no arranca se nos va la batería. y ahí sí es estamos varados. No me importaba. Alcancé a escribir una nota. Querido editor, San jacinto es un pueblo maravilloso, de buen clima, gente sonriente y hamacas. Si quieren visitarme, pregunten por Maye a la entrada. Ella tiene un hijo. No es mío. Gracias por darme la oportunidad de cambiar de vida. Me despido con un abrazo caliente desde San Jacinto con amor. Y justo cuando iba a aceptar la propuesta escuché el rugido del mamut invitándome a continuar el viaje. Me despedí de mi otro destino y partimos. A las once y media del sábado avistamos a lo lejos la bahía de Cartagena. Veníamos comiendo mangos de Malagana, los mejores mangos de Colombia, según don Luis. Veníamos en silencio, cómodos, convertidos en otras personas. En el parqueadero de Copetrán nos despedimos con el corazón. Había conocido al señor del camino, el camionero más atípico de Colombia, sin duda, un hombre que ha visto mucho y sabe mucho, pero calla. Como los sabios callan. Antes de partir me quedé mirándolo caminar y se me vino a la memoria el monólogo del replicante al final de Blade Runner: "He visto cosas que tu gente no creería. Naves de ataque encendidas más allá del límite de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tanhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia". Tiempo de partir.
psdt: es solo una mas de mis innumerables experiencias
psdt2:me pregunto el horror es magico o es que los expiritus me llevan por el buen camino
psdt3:un besito pa las niñas lindas que pasan por aca y ya saben moachas no se cuiden por que pasan malo

25 julio 2006

pilladas jijuelamicas pilladas pues

OJO¡¡¡¡¡¡¡¡Cuando salgan a un bar o A LA CALLE hay que estar muy alerta todo cuando reciban una bebida de parte de alguna mujer. Existe una droga llamada "pola" (también conocida como "frías","chela", "amarga" "pochola", "cebada", etc.), y su forma es liquida, generalmente viene en un recipiente de vidrio color ámbar, pero también se han encontrado en envases traslucidos y en envases cilíndricos de aluminio; comúnmente llamadas "latas" (que además se han observado contenedores enormes llamados barriles "SIFONES"). Las variedades más efectivas de esta droga se producen en países como México Alemania, y se sabe de dos grandes fabricas en Colombia, una ubicada en la Av Boyacá de la ciudad de Bogota, la otra en Tocancipa. La "pochola" es utilizada por mujeres maniático-sexuales-pervertidoras en reuniones para "forzar" a sus victimas (varones) de que tengan sexo con ellas. Las estadísticas son aterradoras y demuestran que la "pola" se puede adquirir en cualquier lugar. Todo lo que una mujer tiene que hacer es comprar unos dos o tres (six-pack) "polas" y obsequiárselas a cualquier hombre y simplemente "rogarle al hombre que la acompañe a su departamento para no regresar solas.. pero sus secretas y perversas intenciones son tener sexo sin compromiso. Se ha demostrado científicamente que los hombres somos prácticamente indefensos" contra este tipo de ataques, principalmente en fines de semana. POR FAVOR manda este mensaje a todos tus amigos que puedan correr peligro, puedes salvar a muchos.... Envíaselo también a las mujeres "perversas" que conozcas para que sepan!!Que las hemos descubierto!!!!, y lo piensen 2 veces antes de "abusar" sexualmente de nosotros, inocentes hombres.Atte. Asociación de Hombres en defensa contra el abuso sexual por parte de las Mujeres.

es solo algo mas de lo que podemos decir penzar o actuar asi que mujeres estan pilladas no sere mas engañado juas juas juas
psdt:analizando seriamente la situacion en concreto no me iporta mujeres por favor abusen de mi poseyamen juas juas juas eso con mas de 20 cervecitas o pocholas caeria rendido
psdt2:sera cierto lo que este escrito sublime e indiferente dice mmmmmmmm
psdt3:un saludito para mis queridas y preciosas niñas y lolita no te preocupes que siempre cumplo con mis promesas

A Y NO SE OLVIDEN NO SE CUIDEN POR QUE PASAN MALO JEJEJEJE

10 julio 2006

huy que puedo decir volvi jejej como que trabje mucho no juas juas juas

bueno despues de seis largos meses desabores sin sabores ydemas excusas politicas que puedo inventar toy de nuevo aca en mi casa volvi beso el dulce suelo de mi hogar o querido y imemorable hogar jejej menos carreta y alo que vinimos pa todas esas mamasotas que me extrañaron un besote y tranquilas dulces musas de infinita inspiracion que eme aca de nuevo dispuesto aluchar juas juas juas(NO NOTAN QUE ESTOY COMO PASADO DE FRACES SOLEMNES Y PRERROGATIVAS EN FIN) mis niñas dulces encantos pues tela hay de donde cortar y historias que debatir juemadre me he perdido de todo esto no no no ome hasta un mundial paso bueno no siendo mas me despido y como decian en una pelicula que no me acuerdo es que esta cabezota se estaba bloqueando de tanto trabajo entenderan el disco duro no me da pa tanto jejeje VOLVERE
psdt.ya saben jijuelamicas no se cuiden poor que pasan malo siempre lo he dicho
psdt2:yo no me cuide y pase mas rico juas juas juas

y no se les olvide volvi y pa quedarme pes

20 enero 2006

una escapadita no mas

bueno como decirlo juas juas juas debido a mis obligaciones laborales creo que me ausentare unos pequeños dias el trabajo toca laborar como negro para poder vivir como blanco un beso a mis queridas niñas extrañemen que yo lo hare jejejej penzare en ustedes y ya saben jijuelamicas no se cuiden por que la pasan muy malo juas jaus quien las quiere yo un beso pa todas

psdt: no toy preso ni nada por el estilo es trabajo
psdt2no mi largo con ninguna vieja es trabajo y un besote cuidensen pes

11 enero 2006

cuentos que me merecia de niño 2

bueno despues de un fin de semana demasiado largo y lluviozo que vaina para llover ome e bueno decidi dejarles otro de mis cuentitos para que se rian un poco mas esta vez creo que leeran la historia DE BLANCA NIEVES Y SUS SIETE COMPINCHES o eran enanos total espero que les guste jejeje es una adaptacion moderna y mordaz definitivamente mi vena literaria cada vez mejora juas juas juas asi que les dejo un cuento mas y gracias por los comentos recibidos eso estimulan mas mi arte de la lokura jejejej


La Patrona vio el número en la pantalla del celular y un frío le recorrió el cuerpo. Se fue a un rincón y contestó. -Tenemos a Blancanieves -le dijeron. -¿Quién habla? -preguntó la Patrona. -Enanito Cinco. -Ajá -dijo la Patrona. -¿Ahora qué hacemos? -Yo qué les dije -preguntó la Patrona, de mala manera. -Que no la llamáramos, que usted llamaba. -¿Y entonces? -Fueron órdenes de Enanito Uno, patrona -dijo Enanito Cinco. -Pásemelo -ordenó. La Patrona carraspeó. Del frío pasó al calor cuando oyó que en otro cuarto timbró un celular. Pasó otra vez al frío cuando oyó al Patrón contestar la llamada. -Le tengo malas noticias, patrón -le dijeron. -Hable. -Patrón, se llevaron a Blanca N. -Ajá. -Sí, señor, la sacaron a la brava. -Cuente. -Pues, patrón, que la sacaron del apartamento y que eran siete. -¿Y qué más? -Nada más, patrón. La que vio todo fue la mamá de ella, pero no quiso contarnos nada. Dijo que le iba a contar todo a la policía. En la estación de policía, la señora dijo "mi hija se llama Blanca Nubia Ortiz, pero en la familia la conocemos como 'la Nena', todos le decimos así", el policía preguntó sin dejar de teclear, "Ortiz, ¿qué?", y la señora dijo "Ortiz Cardona", estiró la mano y le dijo al agente "Magnolia Cardona, su servidora". Después del saludo, el agente le preguntó "¿estado civil?", la señora respondió coqueta "divorciada", y el agente dijo "¿su hija?", "ah, la Nena", dijo ella, "soltera", "¿edad?", "¿la Nena?", el agente asintió, la señora dijo "apenas tiene veintidós". Ya iba a llorar cuando sonó el celular dentro de su bolso. Rebuscó un buen rato hasta que lo encontró. -¿Dónde está? -preguntó el Patrón. -Usted ya debe saber dónde estoy -le contestó ella. -¿Qué está haciendo allá? -Usted ya sabe lo que estoy haciendo aquí: buscando protección. -Mejor me hubiera llamado a mí -dijo el Patrón. -¿A usted? -dijo la señora-. Más bien dígame dónde estaba su gente cuando se la llevaron. En otro extremo de la ciudad, la Patrona aprovechó que su marido estaba hablando por teléfono y se fue a otro cuarto a hacer su llamada. -¿Quién? -preguntó la Patrona. -Enanito Tres. -Páseme a Uno. -No está. Salió -dijo Enanito Tres. -¿Con permiso de quién? -preguntó la Patrona, y sin esperar respuesta, dijo-: Dígale que siempre tienen que estar juntos, que el Rey ya sabe lo que le pasó a Blancanieves y que ya empezó a buscarla. Dígale que me llame cuando llegue. La mamá de la Nena guardó el teléfono en el bolso cuando colgó con el Patrón. El agente había dejado de escribir y la miraba por encima de las gafas. Le preguntó a la señora "¿noticias?", y ella le dijo aturdida "era un pariente", el agente siguió mirándola callado, la señora se rebulló en la silla y dijo "es alguien muy especial que quiere mucho a la Nena". El agente miró el papel en la máquina y dijo "recapitulemos", ella preguntó "¿puedo fumar?", él negó con la cabeza y dijo "íbamos en que eran siete y que estaban armados", "hasta los dientes", añadió la señora y dijo "eran casi unos niños, ninguno tendría más de dieciséis", el agente le preguntó "¿los conoce?, ¿sabe quiénes son?, ¿para quién trabajan?". En un pasillo de la mansión se encontraron frente a frente la Patrona y el Patrón. Cada uno llevaba un celular en la mano. -A vos qué te pasa -preguntó la Patrona. -A mí, nada. ¿Y a vos? -preguntó el Patrón. -¿A mí? Nada -dijo ella-. Vos sos el que últimamente ha estado como muy raro. -Qué casualidad -dijo él-, porque últimamente también te he visto como muy rara. Cada uno siguió su camino hacia un lado opuesto de la casa. Ella marcó su celular y dijo "gracias, señorita, necesito que me atienda el doctor Contreras". El Patrón, al otro lado, marcó su celular y dijo: -¿Por qué me colgaste? ¿Seguís ahí? -Sí -dijo la señora-. Y aquí me voy a quedar hasta que aparezca la Nena. -¿Vos viste a los que se la llevaron? -preguntó el Patrón-. ¿Sabés si Blanca Nubia los reconoció? -Qué casualidad -dijo la señora, con disimulo-. Lo mismo me están preguntando aquí. -¿Y? -dijo el Patrón. "¿Seguimos?", dijo el agente y la señora le hizo una seña con la mano para que esperara, le dijo al Patrón "voy a terminar aquí mi declaración y luego hablamos usted y yo". Cuando colgó la señora, el agente le preguntó "¿el pariente?". La señora asintió. -El doctor Contreras puede atenderla pasado mañana a las cuatro -le dijo la secretaria a la Patrona. -Dígale que allá estaré faltando cinco para las cuatro -dijo la Patrona, colgó sonriente y marcó otro número. Preguntó-: ¿Quién habla? -Enanito Seis. -Páseme a Uno. Uno pasó y reportó: -Sin novedades, patrona. -Necesito que tomen las fotos hoy mismo. -Ese es el momento que estábamos esperando, patrona. -Pues más les vale que les salgan buenas. -Lo bonito sale bonito, patrona. Mientras la Patrona hablaba con Enanito Uno, vio que el Patrón salió a caminar solo por el jardín. Luego lo vio hablando también por el celular. -Cuente. -Nada, patrón, hemos averiguado por todas partes pero nada. -Ajá. -Parece que son gente nueva, patrón. Siete chiquitos. -Ese cuento ya me lo sé. ¿Qué más hay? -Pues que doña Magnolia sigue en la estación de policía, patrón. "Recapitulemos", dijo el agente, y leyó "hace dos días, a las nueve de la mañana estábamos mi hija Blanca Nubia Ortiz Cardona, de veintidós años, y yo, Magnolia", la señora interrumpió "como a las nueve y cuarto, señor agente", el policía siguió leyendo en silencio, luego dijo tecleando "siete menores", la señora asintió, el agente dijo "descríbame a la plagiada, por favor", "¿a quién?", "a su hija, señora". Enanito Uno le ordenó a Enanito Cinco que pusiera a Blanca N. contra la pared, y a ella le ordenó que se quitara la ropa. Blanca N. se llevó las manos a la cara y lloró. "¿Describirla?", dijo la señora, atragantada, luego se agarró las manos y preguntó "¿cómo hago para describirle a la mujer más hermosa de este mundo?". Mientras Enanito Cinco agarraba a Blanca N. por detrás, Enanito Dos le rasgó la blusa y de dos tirones le arrancó el brasier. Los senos blancos saltaron al vaivén del forcejeo. "Tiene un cuerpo perfecto, y todo natural", declaró la señora, "mide como uno setenta, tiene un busto que, Dios mío", la señora se rió y lloró al mismo tiempo. Mientras Enanito Cinco y Enanito Dos inmovilizaron a Blanca N., Enanito Tres le bajó los pantalones a pesar de las patadas que ella trató de darle, y después le quitó el calzón de un manotazo. Un triángulo negro y tupido sobresalió entre los muslos blancos. "Tiene la piel como de porcelana blanca", le dijo la señora al agente, "desde que nació parecía con copito de nieve", la señora sollozó y dijo "por eso la pusimos Blanca Nubia". Apenas la dejaron sin un solo trapo, Enanito Uno le dijo a Blanca N. "si nos colabora no le va a pasar nada. Solamente tenemos que tomarle unas fotos". Blanca N. puso cara de no entender. Se sosegó. Enanito Uno les dijo a los otros dos que se apartaran y apuntó con la cámara digital. Los otros seis también miraron emocionados a Blanca N. iluminada por los flashes, desnuda, gimiendo, tan blanca como la pared en la que se apoyaba. El Patrón contestó el teléfono: -Diga. -Nada, patrón. Es como si se hubiera perdido en la mitad de un bosque. -Pues talen el bosque -ordenó el Patrón. La Patrona apagó el celular cuando entró al consultorio del doctor Contreras, y apenas se sentó le puso las fotos sobre el escritorio, y le dijo "según mi marido esta es la mujer más hermosa de la Tierra". Contreras miró las fotos boquiabierto, la Patrona dijo "así se lo decía cada vez que hablaba con ella y la muy zorra le seguía el cuento". Contreras observó una a una las fotos sin poderlo creer, la Patrona dijo "se pasó cinco años diciéndole que no había una más hermosa que ella", se acercó a la cara de Contreras y le dijo "y usted se preguntará qué hice yo en esos cinco años en los que mi marido me engañó con la tal Blanca N.". El médico no dijo nada, siguió callado sin poderlo creer. Ella dijo "en esos cinco años le pagué a usted la especialización, Contreras, en la mejor universidad para que no hubiera un cirujano plástico mejor que usted". Contreras se pegó al espaldar de la silla, ella le dijo "y usted se preguntará para qué, Contreras". Él miró las fotos y miró a la Patrona y tomó aire para soportar lo que comenzaba a imaginarse. "Nada es gratis, Contreras, pero a usted le va a salir barato: solo tiene que dejarme igual a ella". Apenas salió del consultorio, la Patrona prendió su celular y marcó. -¿Quién habla? -preguntó. -Enanito Ocho. -¿No eran siete? -A Siete lo quebraron, patrona. -Dígale a Uno -ordenó la Patrona-, que ya le puede dar la manzana a Blancanieves. "Pero, ¿describirla?", le dijo otra vez la señora al policía, y repitió "¿describirla, describirla?", se quedó pensativa y dijo "¿podría usted describir a quien no se parece a nadie?". -No aparece, patrón. -Búsquenla hasta debajo de las sombras. Encuéntrenla. -¿Y debajo de la tierra, patrón? La señora le dijo al agente "gracias a su belleza, la Nena ha tenido todo en este mundo", y él le preguntó "¿todo?", la señora asintió, y él repitió "gracias a su belleza", y ella asintió otra vez. A media noche Enanito Uno y los otros seis entraron decididos al cuartucho donde escondían a Blanca N. Ella seguía desnuda, apenas cubierta por una manta sucia. Enanito Uno, convulsionando y con la lengua pesada, le dijo "ya no hay príncipes, Blancanieves", y ella, convencida de que su belleza la había salvado siempre, habló por primera vez y dijo "estás equivocado", dejó caer la manta y añadió "hay siete".

psdt:cabe anotar que este sera por el momento el ultimo cuento en este ciclo mas adelante seguire compartiendo mis adaptaciones literarias con ustedes jejeje
psdt2:juemadre esta gripa que me dio me acabo de toztar mas la cabezota no no no que pecao con yo juemadre ya hasta club de literatura me estan armando no no que cute pues jejejej
psdt3:cabe anotar que este post durara toda esta semana para que puedan leerlo y comentar sobre el no siendo mas me parcho de por estos lares
psdt4:AH Y YA SABEN NO SE CUIDEN POR QUE PASAN MALOO